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Albarracín (Teruel), un paseo por el Medievo

Albarracín, en la provincia de Teruel, es uno de los pueblos más bonitos de España. Ubicado a orillas del río Guadalaviar y levantado sobre una colina, a más de 1.100 metros del nivel del mar, donde destaca su muralla, a cuyos pies se extienden estrechas calles y empinados callejones con construcciones de arquitectura a base de madera, forja y yeso rojizo característico de la zona, extraído de la Sierra de Albarracín.

Con vestigios celtas y romanos, debe su nombre a la presencia musulmana que se dilató durante casi un siglo, hasta el siglo XII. Actualmente tiene unos 1.000 habitantes y fue declarado «Monumento Nacional» el año 1961.

Pedro III de Aragón la conquistó, pasando a formar parte de la Corona de Aragón en 1300 y concediéndole el privilegio de seguir siendo ciudad.

Dentro del color rojizo de sus casas, no puede pasar desapercibida la Casa azul o Casa de los Navarro Arzuriaga. En el siglo XVIII esta familia reformó el edificio dejando el aspecto que podemos ver ahora, con detalles neoclásicos y ese color azul tan llamativo. La leyenda cuenta que en siglo XVIII, uno de los jóvenes de la familia Navarro en época de transhumancia fue a Andalucía donde se enamoró de una joven. Los dos se casaron y se instalaron en la casa. La joven empezó a añorar su tierra y quería regresar, por lo que el joven para conseguir que se quedara junto a él, hizo pintar la casa y decorarla con el estilo que había visto en sus viajes por Andalucía, y en su interior instaló un patio andaluz. De esa manera consiguió que la joven se sintiera menos lejos de su hogar y se quedara viviendo con él.

Junto a la Casa Azul se encuentra un mirador con unas estupendas vistas de la Catedral y el Alcázar.

La Plaza Mayor está presidida por el Ayuntamiento cuyo edificio fue construido en el siglo XVI. Al lado del Ayuntamiento se encuentra un balcón con arcos desde el cual se tienen unas magníficas vistas de la Catedral, la Iglesia de Santa María, la Torre de Doña Blanca y sus balcones colgados que nos recuerdan a las casas colgadas de Cuenca.

La casa de la Julianeta es uno de los lugares más icónicos que data del siglo XIV y llama la atención por su forma y porque da la sensación de desequilibrio. No es una casa señorial sino una auténtica casa de la época hecha a base de yeso y madera. La casa ha sido rehabilitada y actualmente alberga un taller de artistas.

Merece la pena recorrer las murallas y disfrutar de las vistas que nos proporcionan una imagen completa de todo Albarracín. Durante el ascenso por las murallas sobresalen varias torres defensivas, siendo la más emblemática de todas la Torre del Andador, que es una torre musulmana que data del siglo X y que se caracteriza por su forma y tamaño. Esta torre estaba defendida por un foso que excavaron en la roca.

Aunque Albarracín apenas pasa de los mil habitantes, tiene su propia catedral,  siendo el templo cristiano más importante de Albarracín, data del siglo XVI y se construyó sobre un antiguo templo románico.

La cúpula es muy bonita y llamativa ya que destacan sus colores con el rojizo tan característico del lugar.

Frente a la catedral hay un mirador desde donde se puede ver la población y todas las murallas con el dominio de la torre del Andador.

El Castillo de Albarracín tiene origen árabe y en un primer momento fue Alcázar. Su situación lo hizo inexpugnable durante siglos. Fue con la llegada de Pedro III de Aragón que el castillo fue conquistado y reconstruido. En el interior se han encontrado restos de las épocas romana y musulmana. El castillo está considerado Bien de Interés Cultural y declarado Monumento histórico-artístico.

Albarracín, además de toda su zona histórica, tiene un precioso paseo fluvial por el río Guadalaviar. El trayecto dura unos 40 minutos y es un recorrido fácil. Algunos tramos sobre pasarelas por encima del río y siempre rodeado de naturaleza. Como anécdota contaré que en este recorrido, Platón, mi perro, salió persiguiendo a un gato. Éste conocedor del lugar, se las ingenió para que Platón terminase en el río dándose un inesperado baño en unas aguas bien frías.

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